Vida Saludable y Prevención

Cuidar la piel antes y después del sol

El verano es una invitación a disfrutar del aire libre, pero también un momento clave para adoptar hábitos de protección que prevengan quemaduras, envejecimiento prematuro y enfermedades cutáneas.

Hábitos saludables frente al sol

✔️ Buscá sombra siempre que puedas, ya sea bajo un árbol, una sombrilla o un techo, especialmente en los momentos de mayor radiación.

✔️ Usá ropa y accesorios que protejan tu piel, como sombreros de ala ancha, prendas de manga larga y tejidos cerrados, y anteojos de sol con filtro UV.

✔️ Aplicá protector solar de amplio espectro (UVA y UVB). Para exposiciones prolongadas o intensas, se recomienda elegir FPS 30 o superior. Colocá una cantidad suficiente en toda la piel expuesta unos 20–30 minutos antes de salir al sol.

✔️ Todos los protectores solares, incluso los resistentes al agua, deben reaplicarse:

  • Luego de nadar o bañarse.
  • Cada 2 horas.
  • Después de secarse con toalla.
  • Luego de hacer ejercicio o transpirar en exceso.

✔️ Evitá la exposición directa entre las 10 y las 16 horas, cuando los rayos ultravioleta son más intensos.

✔️ Si vas a realizar actividad física, hacelo en las horas de menos calor, usá ropa holgada, liviana y de colores claros. Cubrite la cabeza con un gorro o pañuelo. Llevá siempre una botella de agua para mantenerte hidratado. No esperes a tener sed: tomá agua antes, durante y después del ejercicio.

✔️ Recordá que las nubes no bloquean completamente el sol y que superficies como el agua, la arena o la nieve reflejan la radiación, aumentando su impacto.

✔️ Tené en cuenta que algunos medicamentos pueden provocar reacciones en la piel con el sol. Si estás bajo tratamiento, consultá con tu médico.

Personas con mayor riesgo frente al sol

Existen grupos que pueden verse más afectados por la exposición solar y requieren cuidados especiales: mujeres embarazadas, bebés y niños pequeños, personas mayores de 65 años y personas con enfermedades crónicas como afecciones respiratorias o cardíacas, hipertensión arterial, obesidad y/o diabetes.

En estos casos, es fundamental extremar las medidas de protección y consultar con un profesional de la salud ante cualquier duda.

Embarazo

Durante el embarazo, los cambios hormonales pueden provocar manchas en la piel, especialmente en el rostro, abdomen y otras zonas sensibles. La exposición solar puede intensificarlas, por lo que es fundamental:

  • Usar protector solar de amplio espectro todos los días.
  • Complementar con ropa protectora, sombreros y anteojos con filtro UV.
  • Reducir al mínimo la exposición solar directa, especialmente en horarios de mayor radiación.

Infantes

En los niños, la piel aún no cuenta con todos los mecanismos naturales de defensa, por lo que el daño solar es mayor y acumulativo. De hecho, se estima que a los 18 años una persona ya recibió cerca del 80% de la radiación solar que recibirá en toda su vida.

Por eso es clave:

  • Evitar la exposición directa en bebés menores de 1 año.
  • Desde los 6 meses en adelante, usar protector solar (FPS 50 o mayor), renovado cada 2 horas y al salir del agua.
  • Enseñar desde pequeños hábitos saludables frente al sol, que los acompañen toda la vida.

Controles y prevención

Realizar controles dermatológicos periódicos y observar cambios en lunares, manchas o lesiones en la piel es una medida fundamental para la detección temprana de posibles afecciones.

La piel tiene memoria: la exposición solar acumulada a lo largo de la vida puede aumentar el riesgo de cáncer de piel, por lo que cuidarla hoy es una inversión en salud a futuro.

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Fuentes:

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