Vida Saludable y Prevención

El uso adecuado de antibióticos: una responsabilidad de todos

Los antibióticos representan uno de los hitos más importantes de la historia de la medicina. Desde su descubrimiento a fines del siglo XIX – principios del siglo XX hasta la fecha, se han desarrollado múltiples formulaciones que han permitido salvar millones de vidas. Su uso en las infecciones abrió un camino para avanzar en otras terapéuticas como cirugías complejas, trasplantes de órganos y tratamientos quimioterápicos para el cáncer, todos ellos inimaginables sin tratamientos antibióticos adyuvantes.

Pero la biología es compleja y las bacterias tienen la capacidad de generar diferentes mecanismos de defensa para los antibióticos, por lo que podrán ser, a lo largo del tiempo, inmunes a estos fármacos y producir lo que conocemos hoy como resistencia bacteriana. El uso inadecuado de antibióticos por las personas es una de las principales formas de desarrollo de resistencia bacteriana, y cada vez es más frecuente la presencia de infecciones que no responden al tratamiento con antibióticos habituales.

Ahora bien, no todos los medicamentos que usamos en las heridas e infecciones son antibióticos. Repasemos algunas definiciones:

Antisépticos: son sustancias que se utilizan exclusivamente de forma externa y su acción es inhibir el desarrollo de microorganismos que viven en la piel. Son ejemplos la yodopovidona, el agua oxigenada o la clorhexidina.

Desinfectantes: Son los elementos que eliminan toda forma de microorganismos, pero tienen mayor toxicidad para las personas, por lo que se utilizan especialmente en los objetos o instrumentales, por ejemplo, la lavandina.

Antiinflamatorios: son fármacos utilizados para el dolor o la inflamación que no tienen acción sobre las bacterias, por ejemplo, el ibuprofeno o el paracetamol.

Antimicrobianos: son los fármacos diseñados para el control de las infecciones por distintos microorganismos. Dentro de los antimicrobianos, tenemos distintos fármacos para virus, para bacterias o para parásitos, pues estos microorganismos tienen características propias que definen especificidad en el tratamiento. Así, los virus y los parásitos requerirán antimicrobianos diferentes.  Los antivirales son mucho más complejos y hoy su uso es amplio en el tratamiento de HIV. En tanto que los antiparasitarios se utilizan mucho en medicina y en veterinaria.

Llamamos antibióticos a los fármacos especialmente diseñados para eliminar las bacterias, los ejemplos más utilizados son la penicilina y la amoxicilina.

En los últimos años la utilización de antibióticos se ha generalizado, y es común su uso en forma indiscriminada.

¿Cómo se produce la resistencia bacteriana?

Los antibióticos tienen impacto directo en lo que conocemos hoy como microbiota. El concepto de microbiota es relativamente nuevo y corresponde al conjunto de microorganismos que habitan los tejidos sanos del cuerpo como la piel, las mucosas o el interior del intestino. Los microorganismos que residen en estos lugares de forma más o menos permanente tienen múltiples funciones específicas en la inmunidad, en la digestión, y en la actividad neuroendocrina del cuerpo entre otras. El impacto de los antibióticos sobre esta flora comensal estimula mecanismos de resistencia y genera selección de las bacterias inmunes a los antibióticos. Estos mecanismos de defensa serán luego trasladados a los gérmenes involucrados en las infecciones. El resultado será la falta de respuesta a los antibióticos en las diferentes terapéuticas instauradas.

Así, el uso de antibióticos sin la necesidad establecida, la no finalización de los tratamientos, o la utilización de antibióticos inadecuados para el germen involucrado son algunas de las principales formas en que las personas generamos presión sobre la microbiota y estimulamos el desarrollo de resistencia bacteriana.

¿Qué podemos hacer desde la comunidad?

El desafío de todos será prevenir el desarrollo de infecciones y realizar la consulta médica apropiada ante la presencia de algún síntoma sugestivo de infección o inflamación.

Entre las medidas más importantes tenemos:

  • Mantener el esquema de vacunación según el calendario nacional de inmunizaciones para reducir el impacto de ciertas infecciones bacterianas prevalentes.
  • Cuidar el consumo de alimentos seguros.
  • Mantener relaciones sexuales protegidas.
  • Asegurar el lavado de manos y la higiene personal apropiada.
  • Promover la higiene en el ámbito del hogar.
  • Lograr el control veterinario de las mascotas.
  • Cumplir en tiempo y forma los tratamientos establecidos.
  • Y sobre todo, evitar la automedicación

Es importante considerar que no todas las enfermedades inflamatorias son infecciosas, no todas las infecciones son bacterianas y no todas las infecciones bacterianas requieren tratamiento antibiótico.

El fenómeno de la resistencia bacteriana no es nuevo, está presente desde la existencia de la vida bacteriana, pero el uso inadecuado es de antibióticos uno de los mecanismos que más actúa en la presión selectiva de gérmenes resistentes, y ha pasado a ser una problemática acuciante que establece un verdadero desafío para el tratamiento de las infecciones. La prevención del desarrollo de la resistencia bacteriana es un deber de la comunidad en general y de los equipos de salud en particular.

Dr.Manuel Escudero
Médico Clínica
MN 101067

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